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Pedro Fumero miente: “La Casa Winter fue un proyecto agrícola, no un refugio nazi”

La Casa Winter, o “el chalet”, como la llamaban los vecinos de Cofete, vuelve a ser centro de atención mediática. Gustav y Carlos Winter, herederos del ingeniero alemán que mandó construir la vivienda, denuncian los bulos y mentiras difundidos por el actual ocupante de la casa, Pedro Fumero, a quien acusan de recaudar miles de euros al mes a través de donaciones por contar historias falsas que distorsionan la verdadera historia de Fuerteventura.

Pía Peñagarikano

Pía Peñagarikano

18 de octubre de 2025 a las 19:30

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En este sentido, el conservador patrimonial Loren Castañeyra ha instado a las autoridades a actuar para proteger el patrimonio inmaterial de la isla, amenazado por la difusión masiva de mitos y falsedades.

“Mi padre no fue nazi, y la Casa Winter no guarda ningún secreto oscuro”

“Mi padre no fue nazi, y la Casa Winter no guarda ningún secreto oscuro”, afirmó con rotundidad Gustav Winter en el programa de Cultura que conduce Carolina Llorente en Radio Insular, con motivo de la presentación de su libro “Casa Winter. Un alemán, un lugar, una casa”, celebrada esta semana en la Sala Josefina Plá, del Palacio de Formación y Congresos.

El origen de la polémica se reaviva periódicamente, alimentado por vídeos virales que presentan a la Casa Winter como escenario de experimentos humanos y operaciones secretas nazis.

“He escuchado esas historias terroríficas desde que tenía 18 años”, recordó Gustav. “Decidí investigar por mi cuenta y entrevistar a pastores, pescadores y vecinos que participaron en la construcción de la casa. Todos coincidían en que empezó a edificarse en 1946, después de la Segunda Guerra Mundial”.

El autor asegura haber recogido más de 300 cartas y numerosos testimonios. “Tengo los nombres de quienes trabajaron allí. La casa se construyó delante de toda la población de Cofete, con hombres y mujeres de la zona”, explicó, citando a Juan y Pepe Concepción, maestros de obra de Lanzarote, y a Aniceto Rodríguez, quien “recordaba llevarle la comida a su padre mientras levantaban el chalet”.

El verdadero propósito: agricultura y ganadería

La investigación de Winter apunta a que el proyecto original de su padre fue eminentemente agrícola y económico. “Mi padre arrendó la península de Jandía en 1937 con la intención de desarrollar la pesca, la ganadería y la agricultura”, señaló. “Cofete entonces era un vergel, con manantiales de agua y una vegetación que ya no existe hoy”.

Aunque la guerra frustró parte de esos planes, el ingeniero continuó la construcción de la casa en los años posteriores. “Era una locura romántica de mi padre, que se enamoró del paisaje”, admitió.

La familia nunca llegó a habitar la vivienda, ya que su madre nunca quiso vivir allí.

Durante la entrevista, también se abordó una de las afirmaciones más recurrentes en los vídeos conspirativos: que Fuerteventura fue base de submarinos alemanes.

Carlos Winter lo desmintió categóricamente, apelando a los certificados del Archivo Federal de Berlín, que “acreditan que mi padre no perteneció al partido nazi ni colaboró con el régimen. Ni siquiera estuvo en Canarias durante la Segunda Guerra Mundial”.

Además, recordó los estudios del historiador Juan José Díaz Benítez, que “demuestra que los submarinos se abastecían en el puerto de La Luz, no en Fuerteventura”, y de la investigadora Marta García Cabrera, que “descarta cualquier vínculo entre la colonia alemana en Canarias y actividades nazis”. “Solo hay que mirar el mar de Cofete: es imposible que un submarino operara en esas aguas”, añadió.

Un legado de progreso

Lejos de la imagen sombría que las redes han popularizado, los Winter subrayan la faceta emprendedora y humanitaria de su padre. “Mi padre llegó a España en 1915, huyendo de Inglaterra porque fue prisionero de los ingleses en la Primera Guerra Mundial y logró escapar. Llegó a Vigo y residió en España hasta su fallecimiento en 1971”, recordó Gustav.

Durante esos años, desarrolló su carrera como ingeniero en distintas regiones del país. “Construyó centrales eléctricas en Tomelloso y Zaragoza y llegó a Gran Canaria al ser uno de los socios fundadores y diseñador de la central eléctrica de La Cícer”, explicó.

A finales de los años treinta conoció Fuerteventura, donde arrendó la península de Jandía para desarrollar su proyecto agrícola y pesquero, que no llegó a prosperar por las dificultades derivadas de la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial.

Carlos Winter destacó también su tinte solidario, recordando que su padre creó la primera escuela y el primer comedor escolar gratuito de la isla, en 1951 y 1955 respectivamente.

Todo ello, y mucho más, se recoge en el libro, que con más de 280 referencias documentales busca, en palabras de Gustav, “poner fin a la prueba diabólica”, el hecho de tener que demostrar que algo no ocurrió. “No hay una sola prueba de que sí lo hiciera”, lamentó.

Una llamada al rigor… y a las autoridades

El conservador Loren Castañeyra insistió en la necesidad de proteger el patrimonio inmaterial de la isla. “No se puede permitir que se sigan difundiendo estas mentiras. Estamos hablando de historia, de cultura, de identidad”, advirtió, haciendo un llamamiento a las autoridades.

Mientras tanto, la antigua Casa Winter sigue recibiendo visitantes a diario. “Hay hasta tres turnos de entrada, a 10 o 20 euros por persona. Es un negocio basado en la mentira”, denunció Gustav Winter. “Y lo más grave es que incluso hoteles la promocionan como atractivo turístico”, añadió.

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