Fuerteventura, la gran olvidada en la red de espacios protegidos de Canarias
Canarias protege 301.666 hectáreas de su territorio en 146 espacios naturales (datos ISTAC 2022), lo que convierte al Archipiélago en una referencia europea en materia de conservación. Sin embargo, tras esa cifra se esconde una paradoja: Fuerteventura, la segunda isla más grande, queda rezagada en la red autonómica de protección frente a otras islas más pequeñas pero con mayor reconocimiento internacional y diversidad de figuras.
Redacción Radio Insular
30 de septiembre de 2025 a las 09:44

El peso de Fuerteventura en la red
En la isla majorera se contabilizan 47.695 hectáreas protegidas, lo que supone un 15,8% de toda la superficie protegida de Canarias, distribuidas en 13 espacios. El número, aparentemente notable, se matiza al analizar las categorías:
- Parques naturales: 17.455 hectáreas (36,6%) en 3 espacios.
- Parque rural de Betancuria: 16.544 hectáreas (34,7%), el mayor bloque insular.
- Monumentos Naturales: 8.687 hectáreas (18,2%) en 6 enclaves.
- Paisajes Protegidos: 4.925 hectáreas (10,3%) en 2 espacios.
- Sitio de Interés Científico: Playa del Matorral, con apenas 115 hectáreas (0,2%).
No existen Reservas Naturales Integrales ni Especiales en la isla, tampoco un Parque Nacional.
El contraste con otras islas
El modelo de protección majorero se sustenta en grandes superficies bajo una misma figura, pero con poca diversidad. Esto lo coloca en clara desventaja en comparación con otras islas:
- Tenerife combina el Parque Nacional del Teide con parques rurales, reservas integrales y especiales, monumentos y paisajes. Su red suma el 32,8% de toda la superficie protegida de Canarias.
- La Palma cuenta con la Caldera de Taburiente como Parque Nacional, además de reservas de enorme valor, lo que la convierte en un referente internacional en turismo de naturaleza.
- La Gomera, cuatro veces más pequeña que Fuerteventura, dispone del Parque Nacional de Garajonay (Patrimonio Mundial) y varias reservas, logrando una protección muy diversificada y de alta proyección exterior.
- El Hierro, siete veces más pequeña que la isla majorera, concentra reservas de máxima categoría, incluyendo una integral, con apenas 268 km² de extensión.
El caso de Lanzarote es aún más paradigmático: sin Parque Nacional, ha sabido explotar su condición de Reserva de la Biosfera desde 1993, ligada al legado de César Manrique. Esa marca internacional se ha convertido en un motor de gestión y promoción que en Fuerteventura, declarada Reserva de la Biosfera en 2009, no ha logrado consolidarse con el mismo peso ni visibilidad.
La isla sin icono de máximo rango
La ausencia de un Parque Nacional en Fuerteventura es el punto más crítico. Mientras Tenerife, La Palma y La Gomera han convertido estos enclaves en símbolos mundiales —con inversiones, fondos y promoción—, la isla majorera se ha quedado sin ese sello de referencia. Espacios como Jandía, con sus macizos, barrancos y hábitats áridos únicos en Europa, o los jables y malpaíses volcánicos del centro de la isla, reúnen valores suficientes para aspirar a un mayor reconocimiento, pero la falta de consenso político y social ha dejado esta opción en un segundo plano.
Protección extensiva, no intensiva
La lectura global de los datos confirma que en Fuerteventura el modelo ha sido más extensivo que intensivo: se protege mucho suelo, pero bajo pocas figuras y con escasa atención a microhábitats y especies sensibles. Esta tendencia refuerza la idea de “cumplir cuotas” en hectáreas, pero no garantizar representatividad ecológica.
El único Sitio de Interés Científico, Playa del Matorral (115 hectáreas), evidencia esta debilidad: mientras en Tenerife o Gran Canaria abundan enclaves de este tipo, pensados para proteger endemismos y procesos únicos, en Fuerteventura el catálogo se reduce a un solo punto.
Un reto pendiente
El resultado es que la isla aparece como la gran olvidada en la red canaria de conservación. Aunque aporta casi una sexta parte del suelo protegido, carece de la diversidad y del reconocimiento internacional que disfrutan otras islas. Esto limita su capacidad para captar fondos estatales y europeos, para posicionarse en el turismo de naturaleza y para consolidar su identidad ecológica en el marco canario.
El debate está abierto: ¿debe Fuerteventura reclamar un Parque Nacional propio o ampliar su red de figuras específicas que aseguren la conservación de sus hábitats áridos y costeros? La respuesta no es solo ambiental, sino también estratégica, pues de ella depende que la isla deje de estar a la sombra del resto en la gran red de espacios protegidos de Canarias.

