Sanidad recupera la mascarilla en hospitales y residencias ante el avance de la gripe
La Comisión de Salud Pública debate este miércoles un nuevo protocolo común destinado a mitigar el impacto de los virus respiratorios durante la temporada epidémica, un documento que vuelve a situar la mascarilla como herramienta central de prevención, especialmente en centros sanitarios y residencias. El texto llega a la mesa de los directores generales casi en la misma versión que la presentada el año pasado —que no prosperó por el veto del Partido Popular—, aunque con ligeros ajustes incorporados a última hora.
Redacción Radio Insular
3 de diciembre de 2025 a las 08:49

El objetivo general es establecer un marco homogéneo en todas las comunidades para facilitar una respuesta proporcional y basada en indicadores ante el aumento de infecciones respiratorias agudas. El plan define cuatro niveles de riesgo: el interepidémico o basal, el bajo o medio, el alto y el muy alto. Para determinar cada escenario, el Ministerio de Sanidad y los gobiernos autonómicos tendrán en cuenta parámetros como la tasa de incidencia, la ocupación hospitalaria, los ingresos en UCI o la presión en Atención Primaria.
Cada nivel incluye un conjunto de medidas que se aplicarán de forma escalonada e incremental, garantizando que se mantienen las recomendaciones del escalón previo y se suman las nuevas correspondientes al nivel superior. Esta arquitectura flexible pretende evitar escenarios de sobrerreacción o, por el contrario, de demora en la aplicación de mecanismos de control.
Residencias: medidas individualizadas y posibilidad de restringir visitas
Uno de los cambios más significativos respecto al documento del año pasado afecta a las residencias de personas mayores, consideradas espacios de alta vulnerabilidad. El protocolo indica que las medidas deberán aplicarse de forma individualizada en cada centro, incluso aunque el nivel epidémico de la comunidad autónoma no sea elevado. Esto se debe a la particular estructura organizativa de estas instituciones, donde pueden registrarse brotes significativos sin un aumento paralelo de la incidencia en la población general.
Entre las recomendaciones figura que los trabajadores con síntomas utilicen mascarilla de manera continuada. Además, la dirección de cada residencia podrá decidir si establece la obligatoriedad del cubrebocas para todo el personal. En “situaciones complicadas”, el protocolo contempla la reducción o suspensión temporal de visitas, modificando la circulación de residentes entre espacios comunes, reorganizando habitaciones o adaptando zonas para minimizar contactos.
Si el nivel de riesgo es alto, también se recomienda que los propios residentes utilicen mascarilla cuando no sea posible garantizar la distancia física.
Medidas para la población general
El plan plantea un enfoque progresivo para el conjunto de la ciudadanía.
En el escenario basal, la recomendación se limita a que las personas con síntomas utilicen mascarilla en sus interacciones sociales. En el nivel bajo o medio, el protocolo aconseja reforzar esta práctica en todo momento, reducir el número de contactos, aplicar estrictas medidas de higiene respiratoria y de manos, y optar por el teletrabajo cuando sea posible durante los días posteriores al inicio de los síntomas.
En niveles superiores, las medidas se endurecen. En el nivel alto, se recomienda el uso de mascarilla en áreas vulnerables de los centros sanitarios, como unidades de trasplantes o salas de tratamientos quimioterápicos, tanto para personal como para pacientes y acompañantes. La obligación podría extenderse a las salas de espera o urgencias hospitalarias, según determinen los centros o las autoridades autonómicas.
En el nivel muy alto, el documento contempla la posibilidad de adoptar “medidas adicionales y excepcionales”, siempre en el marco de la normativa vigente y atendiendo a la situación epidemiológica específica.
Un repunte que preocupa
La revisión de este protocolo se produce justo cuando la gripe ha entrado oficialmente en fase epidémica en España. La tasa en Atención Primaria ha aumentado hasta los 112,2 casos por cada 100.000 habitantes, una cifra significativamente superior a los 12,8 registrados en el mismo periodo del año pasado. El incremento anticipa una temporada de mayor presión asistencial, motivo por el cual Sanidad busca reactivar un plan que el año pasado no llegó a implementarse plenamente.



