
El otro día una amiga me dijo:
—“Desde hace semanas me duele el cuello. Me han dado masajes, estiramientos, calor, frío, pero nada…”
Y yo, medio en broma, le pregunté:
—“¿Y has probado a decir lo que llevas tragando todo este tiempo?”
Nos reímos, claro. Pero luego se quedó callada… Y me dijo:
—“Pues igual el nudo no está solo en el cuello…”
Y ahí me quedé pensando. ¿Cuántas veces hemos tragado en silencio un “me duele”, un “no quiero”, un “así no me gusta”?
¿Cuántas veces hemos dicho “estoy bien” cuando por dentro teníamos un huracán?
Y mientras tanto… nuestro cuerpo se convierte en el buzón de todas esas cartas emocionales que no nos atrevimos a enviar. Ese dolor de espalda que no se va. Ese cansancio sin explicación. Ese estómago que se revuelve sin motivo aparente. El cuerpo sabe. Y no olvida. Porque aunque la emoción no tenga palabras, siempre encuentra forma de hablar. Lo que no se expresa con la boca, a veces lo grita el cuerpo. Y no es magia. Es conexión. Porque cuerpo y mente no son departamentos separados.
Piensa por un momento:
¿Dónde sientes la rabia cuando te aguantas lo que querías decir?
¿Dónde notas el miedo cuando finges que todo está bajo control?
¿Y la tristeza que no lloraste… dónde crees que se quedó?
Vivimos a veces tan hacia fuera, tan preocupados por no molestar, por no decepcionar, por no parecer vulnerables, que terminamos siendo nuestros propios contenedores emocionales. Pero el cuerpo no está diseñado para almacenar emociones como un trastero.
Está hecho para sentirlas, transitarlas y liberarlas.
Y aquí van algunas claves para empezar a vaciar ese trastero emocional:
Así que hoy te lanzo esta pregunta para cerrar: ¿Y tú, en qué parte del cuerpo guardas lo que no dices? Y lo más importante… ¿Estás dispuesto a soltarlo?
Recuerda: lo que no dices se queda… pero no se queda quieto. Dale voz a lo que sientes, porque Carolina Simón regresa a La Mañana Xtra con claves para renovar por dentro sin dejarse arrastrar por el bajón primaveral.