El Concurso Insular de Murgas volvió a latir en el recinto ferial de Puerto del Rosario en la noche del 14 de febrero, Día de los Enamorados, con un ingrediente que no perdonó: el viento fuerte que se hizo sentir en Fuerteventura. Aun así, el frío y el mal tiempo no frenaron las ganas. La imagen fue la de una isla que tenía ganas de reencontrarse con su concurso: entre 5.000 y 6.000 personas, un público entregado, con ese punto de emoción colectiva que solo aparece cuando algo importante regresa.
Y regresaba con peso. El certamen no se celebró en 2025, y ese vacío se notó en el ambiente: en los pasillos, en las gradas, en los aplausos que llegaban antes de tiempo, como si la gente tuviera prisa por recuperar lo perdido. Este 2026, el concurso volvió “con fuerza” y con sensación de estreno, incluso para quienes llevan años viniendo.
Una noche reivindicativa, con nombres y temas repetidos
La noche fue, además, muy reivindicativa. Las letras y los guiños se parecían entre sí en algo: muchas iban a lo que está en la calle. Hubo menciones y referencias —directas o en clave— a figuras y asuntos reconocibles: David de Vera, David de León, el debate alrededor de la crítica en las murgas y comentarios atribuidos al alcalde de La Oliva, que acabaron colándose en el relato del escenario y hasta en la tensión final de alguna actuación.
Y si hubo un tema que apareció como una especie de “estribillo social” en la noche, fue el de las urgencias veterinarias. Las Sargoriás lo verbalizaron con crudeza, poniéndolo en el centro como problema de humanidad y de servicios básicos. Junto a eso, volvió una obsesión insular que no se va: el agua, la sequía, los cortes, la gestión y la sensación de estar siempre en el límite. El problema apareció en letras distintas, desde la denuncia directa hasta la ironía, y se escuchó como algo más que un recurso: como cansancio acumulado.
También se colaron la lentitud administrativa, las obras eternas y el runrún de siempre: promesas, plazos, fotos y la vida mientras tanto. Majo y Limpio lo sintetizó con su “despacito” como latiguillo para describir cómo avanzan —o no— los asuntos públicos.
Y en esa misma mirada a lo institucional, Quintillo.com hizo un inciso especialmente reconocible: la sátira sobre los contratos públicos y los contratos menores, convertidos en chiste con filo, de esos que hacen reír porque al público le suena demasiado.
Del telón a los premios
El concurso fue dejando momentos y, al final, dejó también un cuadro de honor claro. Según el acta, Los Gambusinos se llevaron el primer premio de interpretación y además la mejor letra con “¿Dónde están? Un detective llega al carnaval”.

Las Sargoriás brillaron con fuerza: primer premio de presentación, premio Julio Vinoly al mejor maquillaje y segundo premio de interpretación, además de compartir el premio del público. Y Quintillo.com cerró el podio de interpretación con el tercer premio, confirmando que su propuesta conectó con el jurado. En presentación, el jurado completó el podio con Las Revolucionadas (segundo premio) y Los Gambusinos (tercero).
Premios en el corazón del concurso
Además, la noche tuvo un reconocimiento que forma parte de la memoria murguera y que no aparece en el acta oficial: el Premio Espíritu Murguero Tecla Souto, creado para honrar a una compañera “muy murguera” que ya no está, y que simboliza esa gente que vive el carnaval “en vena”.
Este año, como se explicó en el propio recinto, el premio recayó en Asiria, batería de Tic Tac Tito y de Las Zarandajas, por un motivo que dice mucho de cómo está el mapa murguero de la isla: actualmente es la única mujer batería de toda Fuerteventura. Ese aplauso tuvo un valor especial, porque reconocía talento, constancia y también una barrera que todavía existe.
El premio Esencia Murguera recayó este año en Macarena Perdomo, directora de Las Sargoriás, como reconocimiento a su trayectoria y a su compromiso constante con el carnaval y el mundo murguero. El galardón pone en valor no solo su trabajo al frente de la murga, sino también su implicación durante años en la defensa del espíritu crítico, la identidad carnavalera y la continuidad de las agrupaciones, convirtiéndose en una de las figuras más representativas del movimiento murguero en Fuerteventura.
Un regreso que se notó en la piel
Cuando se apagaron los focos, quedó una impresión compartida: el concurso volvió con hambre. Con público, con letras más pegadas a lo cotidiano, con esa mezcla de humor y protesta que solo funciona cuando hay verdad detrás. Y con la sensación de que, pese al viento y al frío, el recinto fue durante horas un lugar cálido: el de un carnaval que se reconoce a sí mismo cuando vuelve a escucharse.
Innovación tecnológica
Uno de los aspectos más destacados de la noche fue la incorporación de un nuevo sistema digital de votación del jurado, una de las grandes innovaciones de esta edición. La herramienta, implementada por el Ayuntamiento y desarrollada por la empresa majorera GestSiete.es, permitió a los jurados de interpretación y presentación emitir sus puntuaciones desde dispositivos electrónicos, generando el acta oficial en cuestión de minutos. El sistema agilizó el proceso, redujo posibles errores y aportó mayor transparencia al recuento, siendo además bien recibido tanto por los miembros del jurado como por la Federación Insular de Murgas, que valoraron positivamente este paso hacia la modernización del concurso.










