En la cocina de Rigoberto Almeida hay algo más que técnica, ingredientes o creatividad. Hay historia. Hay memoria. Hay una vida entera que, plato a plato, se transforma en una experiencia que busca provocar algo cada vez más escaso en la gastronomía contemporánea: emoción.
En el sur de Fuerteventura, frente al océano Atlántico, el chef de El Pellizco by Rigoberto Almeida, en Costa Calma, ha decidido dar un paso que pocos se atreven a dar en la isla: eliminar la carta tradicional y apostar exclusivamente por dos menús degustación que cuentan su propia historia. Una apuesta arriesgada que, en sus propias palabras, puede parecer una locura, pero que para él era inevitable.
“Atrevida, osada, de gente loca, de todo lo que quieran poner… pero yo creo que era el momento ya de que Fuerteventura y su gastronomía dieran ese paso”, explica el chef al hablar del nuevo rumbo de su restaurante. Los dos menús, La Guantanamera y La Majorera, son mucho más que una selección de platos. Son un homenaje a las dos culturas que han marcado su vida: el Caribe y Canarias. Dos mundos que, según Almeida, nunca han estado realmente separados.
“La cocina canaria y la cocina latina van entrelazadas. Es la primera gran fusión del mundo. Canarias fue punto de entrada y de salida; por aquí pasó todo”, reflexiona.
Una historia que comienza mucho antes de la cocina
Para entender la cocina de Rigoberto Almeida hay que retroceder varias décadas y cruzar el Atlántico. La historia comienza en La Habana, donde sus abuelos, emigrantes canarios, abrieron un restaurante llamado El Pellizco, especializado en cocina isleña. Aquel local se convirtió en un punto de encuentro para muchos canarios en Cuba.
Pero la revolución cubana cambió el destino de la familia. El restaurante fue expropiado y el golpe fue tan duro que el abuelo del chef falleció poco después.
Décadas más tarde, Almeida recuperaría ese nombre para su propio proyecto gastronómico. No fue una simple elección comercial. Fue, según él, una forma de continuar una historia que nunca se cerró. “El Pellizco no murió en los años cuarenta. Yo creo que se engendró un poco en mí y continuó conmigo”, recuerda con emoción.
De freganchín a chef revelación
Aunque estudió Química de los Alimentos en La Habana, la cocina no fue inicialmente su camino profesional. La vida, sin embargo, tenía otros planes. Tras llegar a Fuerteventura, empezó desde lo más humilde: fregando platos en una cocina. “Llegué sin currículum, necesitaba trabajar y entré de freganchín. Pero cuando entré en esa cocina encontré mi sitio en la vida”, explica.
La creatividad empezó entonces a brotar de manera casi inevitable. Sabores, combinaciones, texturas… su cabeza no dejaba de imaginar posibilidades. Pero sabía que necesitaba formación para convertir esas ideas en realidad.
La decisión de estudiar cocina en Le Cordon Bleu fue un riesgo enorme para él y su pareja. El curso costaba 6.000 euros, una cantidad muy difícil de asumir en aquel momento. “Yo tenía todas esas ideas en la cabeza, pero no tenía las herramientas. Y le dije a mi chica: necesito aprender para poder expresar todo esto”, recuerda. Aquella formación fue, según el propio chef, “una explosión total” que terminó de definir su camino.
La cocina como forma de vida
Con el tiempo, Almeida abrió el primer El Pellizco en Morro Jable, un pequeño restaurante gastronómico que rompía con lo habitual en la zona. Allí no se iba simplemente a tomar algo. “Aquí no se viene a tomar una cerveza, aquí se viene a comer”, recuerda que decía a los clientes al inicio. No fue fácil. Hubo rechazo al principio. Pero poco a poco el restaurante se ganó el respeto y el cariño del pueblo.
El gesto que marcó la pandemia
Uno de los episodios más recordados de su trayectoria ocurrió durante la pandemia. Mientras muchos negocios cerraban y la incertidumbre se extendía por toda la isla, Almeida decidió cocinar cada día para repartir comida gratuita entre vecinos y personas que lo estaban pasando mal.
Cada noche colocaba una mesa en la calle del Carmen de Morro Jable y repartía platos a quien lo necesitara. “Cuando experimentas la sensación de poder ayudar a los demás es algo que no te puedo explicar con palabras. Dormía feliz cada noche”, recuerda. Aquella iniciativa terminó inspirando a otros restaurantes de la zona, que comenzaron a sumarse a la idea.
Un restaurante pensado para emocionar
El actual El Pellizco de Costa Calma, abierto en 2023, representa la evolución natural de todo ese camino. Un restaurante contemporáneo frente al mar, con vistas al Atlántico y una capacidad limitada para apenas 16 comensales por servicio, pensado para ofrecer una experiencia gastronómica completa.
La idea no es servir platos sin más, sino crear un momento especial.
“No queremos cantidad, queremos calidad. Queremos que cuando alguien llegue se sienta cuidado, mimado, que viva una experiencia”, explica.
El servicio está pensado al detalle: desde cómo se sirve el vino hasta cómo se acompaña al comensal en cada momento de la cena.
Producto de Fuerteventura
Uno de los pilares de la cocina de Almeida es el producto local. El chef trabaja con pescadores de Morro Jable y Gran Tarajal, agricultores de la isla y ganaderos que le proporcionan ingredientes frescos cada día.
“¿Qué puede estar mejor que la leche de cabra ordeñada por la mañana y que la tenga en mi restaurante por la tarde?”, pregunta. O los tomates de agricultores locales, el pescado recién capturado o los quesos majoreros que han dado fama internacional a la isla. Para Almeida, el verdadero lujo está ahí. “No hay mejor producto que el que tienes al lado de tu casa”, afirma.
La cocina que quiere emocionar
A lo largo de su carrera, Almeida ha experimentado con técnicas de vanguardia, texturas y procesos complejos. Pero hoy su objetivo es diferente. “Hubo un momento en mi carrera en que quería demostrar técnicas. Ahora no. Ahora el objetivo es emocionar”, explica. Ese es el espíritu que guía los dos nuevos menús degustación de El Pellizco, donde los sabores de Canarias y el Caribe se mezclan para provocar recuerdos, sorpresas y emociones.
Porque, al final, la cocina de Rigoberto Almeida no busca simplemente impresionar. Busca algo mucho más difícil. Que cada plato cuente una historia. Y que, al probarlo, el comensal sienta ese pequeño “pellizco” que da nombre al restaurante.
El chef Rigoberto Almeida pasó recientemente por los micrófonos de Radio Insular Fuerteventura, en el programa El Tardeo con Pilar López, donde compartió con cercanía y emoción la historia que hay detrás de su cocina. En esta entrevista, el cocinero repasa sus orígenes entre Cuba y Canarias, cómo comenzó fregando platos al llegar a la isla, el camino que lo llevó a crear El Pellizco, y la nueva apuesta gastronómica con sus dos menús degustación. Una conversación sincera que permite conocer no solo al chef, sino también a la persona que hay detrás de cada plato.







