La murga infantil Pizpiretas, una de las agrupaciones más recientes del carnaval, subió al escenario con una actuación marcada por la denuncia social y el tono reivindicativo. Bajo su alegoría inspirada en el imperio del sol, los pequeños murguistas dejaron a un lado el disfraz para centrarse en los problemas que afectan a su día a día en Gran Tarajal.
Tras una presentación sencilla y cercana, el grupo entró de lleno en su tema principal, donde fueron desgranando varias críticas a la situación del municipio. Uno de los bloques más duros estuvo dedicado al estado de las calles y la falta de iluminación. “Calles bajadas, mentos a la mirada y una bombilla puesta, la avenida abandonada”, cantaron, describiendo una imagen de abandono urbano.
La crítica se intensificó al hablar de las fiestas y la falta de ambiente navideño. “Los niños preguntando si en el año habrá magia, pero el pueblo en silencio ni un saludo los acompaña”, entonaron, reflejando la decepción de los más pequeños ante la falta de actividades.
Uno de los momentos más contundentes de la actuación llegó con la denuncia sobre la situación del colegio. La murga aseguró que los alumnos estudian en instalaciones provisionales y sin condiciones adecuadas. “Retiraron el colegio, nos mataron la ilusión, con remolques y sin baños es donde estudio yo”, cantaron, en una de las frases que más impacto generó entre el público.
En ese mismo bloque, los niños criticaron la falta de soluciones y la pasividad política ante el problema educativo. “Se les olvida que nos dejaron abandonados, nadie da la cara, no les gustan los niños”, añadieron, denunciando lo que consideran una falta de prioridad hacia la educación.
La murga también dedicó parte de su actuación a la falta de espacios y actividades para ensayar, asegurando que han tenido que cambiar de local o incluso quedarse sin lugar donde reunirse. “No hay ninguna actividad, todo está cancelado”, cantaron, reflejando la frustración de la agrupación.
El cierre de la actuación se centró en un mensaje interno dirigido al propio mundo murguero, lamentando la falta de apoyo de las agrupaciones adultas de su municipio para conseguir más actuaciones. “No quiero toda mi ilusión, coño que soy la cantera”, cantaron, en una frase directa que resumió el espíritu de su despedida.
A pesar del tono crítico, la actuación de Pizpiretas estuvo cargada de emoción y reivindicación, con un mensaje claro: la cantera quiere su espacio, sus instalaciones y su lugar dentro del carnaval. La murga dejó sobre el escenario una actuación que, más allá del disfraz azteca, puso el foco en la realidad cotidiana de los niños del municipio.






La murga infantil Pizpiretas, en un acto durante el carnaval, criticó la situación social y urbana de Gran Tarajal, resaltando problemas como el estado de las calles, la falta de iluminación, la escasez de actividades festivas y la situación de la educación. Además, la murga denunció la falta de espacios para ensayar y la ausencia de apoyo de las agrupaciones adultas para conseguir más actuaciones. A pesar de las críticas, el grupo envió un mensaje de reivindicación y emoción.