La murga infantil Chiki-Rompís fue la encargada de abrir el encuentro insular con una actuación inspirada en el universo de Mary Poppins, una alegoría cargada de color, fantasía y números musicales, pero también de crítica social. Con su tradicional puesta en escena y un escenario lleno de paraguas y sonrisas, la agrupación combinó la estética de los musicales con un mensaje directo sobre varias de las preocupaciones cotidianas de la isla.
Desde los primeros compases, la murga dejó claro el tono de su actuación. Entre referencias al carnaval, los ensayos y la ilusión de los más pequeños, el espectáculo fue avanzando hasta abrir el bolso mágico de su personaje principal, del que empezaron a salir las críticas. “Hoy Mary Poppins llega al carnaval y trae su bolso para criticar… pues como saben todos caben, ahora lo van a ver”, cantaron, anunciando el contenido del número principal.
Uno de los primeros temas abordados fue la política local y las promesas incumplidas. Con un tono satírico, la murga cuestionó las promesas electorales y el uso de la imagen pública por parte de los partidos. “Mentiras pa’ variar, que en campaña nos decían pa’ engañar”, cantaron, en un pasaje que repasaba la desconfianza hacia los discursos políticos.
El transporte público fue otro de los asuntos centrales. Los pequeños murguistas escenificaron las dificultades de esperar la guagua sin información y la falta de sistemas de pago modernos. “Estoy en la parada de la guagua del comercial, es imposible saber qué tiempo he de esperar”, entonaron, antes de añadir que “pantallas que te informen no hay, en Las Palmas sí hay”. La escena continuó con una crítica al pago en metálico, rematada con un mensaje directo: “Señora presidenta, dése una vueltita por España y aprenda”.
La actuación también dejó recados sobre la limpieza urbana y el estado de algunos espacios públicos. En un tono más cercano y con referencias locales, la murga lanzó dardos a responsables políticos, asegurando que “tiene al pueblo levantado, le doy un cepillo porque hay mierda a todos lados”.
Otro de los momentos más comentados fue la crítica a los precios de las atracciones y actividades infantiles. “Mi padre no es millonario… para subirme a la olla tengo que ahorrar un montón”, cantaron, denunciando el coste de los “cochitos” y la dificultad de muchas familias para disfrutar de las fiestas.
La murga también dedicó un bloque a la cabalgata de Reyes, uno de los momentos más sensibles del espectáculo. Con una letra emotiva, denunciaron lo que consideraron una mala organización y un final precipitado. “Una noche mágica debía ser y la arruinaron”, cantaron, señalando que la ilusión de los niños se vio afectada.
El cierre de la actuación recuperó el tono festivo y reivindicativo del carnaval como espacio de cantera y aprendizaje. En su último mensaje, los pequeños murguistas pidieron apoyo institucional para mantener viva la fiesta entre los más jóvenes: “A las autoridades mando un último ruego… trabajen en la cantera después de los carnavales para que esta fiesta siga”.
Con una actuación que combinó fantasía, humor y crítica directa, Chiki-Rompís abrió el encuentro infantil con un repertorio que puso voz a las preocupaciones de los más pequeños, demostrando que, incluso desde la inocencia de una alegoría musical, el carnaval sigue siendo un altavoz para la realidad cotidiana.








La murga infantil Chiki-Rompís abrió el encuentro insular con una actuación inspirada en Mary Poppins, en la que combinaron música, color y crítica social. La agrupación abordó temas como la política local, el transporte público, la limpieza urbana y los precios elevados de las atracciones infantiles. La actuación concluyó con un mensaje a las autoridades para mantener viva la fiesta entre los más jóvenes.